Un buen plan
Solo pido que a la palabra esperanza, como a los cuidados y la ternura, no se la vacíe de significado
Decimos hasta aburrir que vuelva a dar vergüenza ser facha. Pero hay algo relacionado con eso que es más complejo y, quiero pensar, más constructivo. Porque recuerdo también la sensación de que querer cambiar el mundo era intuitivo. Sinónimo de energía y ánimo compartidos. De compañías estimulantes. Un sitio deseable que habitar. Lo verdaderamente aspiracional. Mejorar las cosas era un buen plan. Atractivo. Emocionante. Como siga, admito que hasta sexy. Solo pido que la palabra esperanza, como siento que ocurrió con los cuidados y la ternura, no se vacíe de significado.
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Alguna lectura de los últimos días: La música. Una historia subversiva, de Ted Gioia. Lo raro y lo espeluznante, de Mark Fisher. Menú de Gaza, de la familia Hammad y Mikel Ayestarán.
Historias en pantalla: How to get to heaven from Belfast -muy divertida, de Lisa McGee, creadora de Derry girls-. Los docus Reinosa, 1987 -reconversión y represión a la cántabra- y La Marsellesa de los borrachos -historión y en RTVE-. La entretenida serie belga Putain. Un simple accidente -qué difícil mantener ese tono-. Un desquite con la clásica El juego de Hollywood. Dj Ahmet, un bonito cuento macedonio de amor.
Qué discos suenan: And don’t the kids just love it, de Television Personalities. Fables of the reconstruction, de REM.


